Sile, nole
El fin del monopolio invisible de Panini
“Mira papá, en el cole me han cambiado a Pedri por éste otro cromo. Creo que es bueno, ¿le conoces? Se llama L-E-O M-E-S-S-I”.
La que habla es mi hija mayor, siete años al aparato, que jamás ha sentido un interés particular por el fútbol a pesar de mis esfuerzos. Yo ni siquiera era consciente de que estuviera coleccionando cromos de LaLiga.
Y ahí está la clave: donde su padre no ha llegado, llega Panini. Panini, y la presión social de ser parte de las cosas populares en el patio del colegio como cambiar cromos.
Para el observador informal, Panini puede parecer un pasatiempo de patio de colegio, el recuerdo nostálgico de una infancia sin pantallas. Pero Panini, fundada en la ciudad italiana de Módena en 1961, factura hoy 1.600 millones de euros anuales, vende sus productos en 150 países y emplea a 1.200 personas. Sólo en España y Portugal, en 2025 movió 93 millones de euros, un +24% más que el año anterior.
A lo largo de los años, Panini ha ido absorbiendo competidores hasta hacerse con una posición dominante en el mercado de los cromos, sobre todo en el fútbol. En 2001, por ejemplo, completó la adquisición de la española Colecciones del Este, que históricamente había lanzado un álbum de cromos de LaLiga que competía directamente con el que publicaba la compañía italiana.
Paradójicamente, 2025 fue un año flojo para Panini. 2026 debería ser mucho mejor aunque sólo sea por un motivo: este año hay Mundial de fútbol. Desde 1970, Panini lleva siendo responsable de crear el álbum oficial de cromos del Campeonato del Mundo FIFA.
El de este año, que acaba de aparecer en kioskos, amenaza con romper records: el álbum FIFA 2026 tiene 112 páginas, 980 cromos. Es el álbum más grande de su historia y la piedra angular del negocio de Panini. Para hacernos a la idea, gracias al Mundial de Qatar 2022 Panini declaró ventas netas cercanas a 720 millones de dólares, y los años de Mundial el grupo entero se acerca a los 1.000 millones de euros de facturación.
La clave del negocio de Panini está en la suma de pequeños gastos aparentemente inofensivos. De hecho, los sobres de cromos se pueden encontrar cerca de la zona de cajas del supermercado como si fueran una compra por impulso como un paquete de chicles.
Claro que este pequeño gesto, multiplicado por múltiples consumos repetidos en millones de hogares, representa una cifra total estratosférica. Llenar el álbum del Mundial 2026 cuesta entre 800 y 1.300 euros si se hace solo comprando sobres (980 cromos, sobres de 5 a unos 1,20€, y la probabilidad de repetidos crece exponencialmente).
La distribución es una de las claves del éxito de Panini: como muchos negocios exitosos -Nespresso, los cartuchos de impresora, la PlayStation 1 o la heroína- Panini ha descubierto que regalar el álbum le sale rentable. Y lo regalan en sitios donde hay niños, idealmente acompañados por sus padres: la salida de los coles o los estadios de fútbol, por ejemplo.
Aunque quizás la mayor señal de la popularidad del álbum mundialista sea que, como a cualquier otro negocio exitoso, a Panini también le ha salido un grano en forma de piratería de cromos.
Lo que podría parecer el momento álgido de una compañía con más de sesenta años de trayectoria internacional, es probablemente el inicio del fin de Panini. El motivo: la pasada semana la FIFA anunció que, a partir de 2031, el grupo norteamericano Fanatics pasa a ser el propietario de la licencia de cromos mundialistas.
La diferencia en el modelo de negocio es significativa: Fanatics no quiere vender solo cromos, quiere hacer cromos digitales NFT, integrar betting, vincular merchandising. Panini sigue vendiendo papel cuché y cola.
Fanatics, además, tiene acuerdos con las grandes organizaciones deportivas norteamericanas como la NBA o la NFL, y tiene acuerdos individuales con miles de atletas que ceden sus derechos a la compañía.
La diferencia está también en el tamaño del negocio: Fanatics estima que se convertirá en una compañía con una facturación entre 30 y 50.000 millones de dólares. Para lograrlo, sabe que el fútbol es una pieza clave.
Después de varias idas y vueltas a lo largo de su historia -incluida una compra por parte de Marvel Comics- hoy Panini es dirigida por manos italianas de nuevo. Sin embargo, las familias propietarias de la compañía estudian la posibilidad de una venta. Según Reuters, la compañía podría estar valorada en 5.000 millones de euros.
No está mal para un negocio de patio de colegio.
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